L’associazione Utopia rossa considera suo fondamento politico il principio secondo cui il fine non giustifica i mezzi, ma nei mezzi si deve riflettere l’essenza del fine. Non ha programmi politici, come del resto non ne aveva la Prima internazionale. Nonostante le più diverse provenienze ideologiche dei suoi sostenitori, essa ritiene che l’anticapitalismo dilagato dopo l’inizio dell’Antirivoluzione russa (dicembre 1917) sia stato motivato fondamentalmente da idee precapitalistiche, cioè retrograde, e non da progetti di civiltà in grado di superare il capitalismo sviluppando ulteriormente i suoi modelli di democrazia. Ciò spiega anche il prevalere, nella storia della cosiddetta «sinistra», di simpatie per i regimi dittatoriali di ogni specie e colore. Utopia rossa si batte contro l’ulteriore diffusione di ideologie precapitalistiche vecchie e nuove (in campo politico, culturale, ecologico, religioso ecc.), come parte della sua battaglia per il superamento del capitalismo, se si vuole salvare la vita sulla Terra con la sua umanità. In questo senso la sua utopia continua ad essere rossa.

The Red Utopia association considers its political foundation to be the principle that the end does not justify the means, but that the means must reflect the essence of the end. It has no political program, just as the First International did not. Despite the diverse ideological backgrounds of its supporters, it believes that the anti-capitalism that spread after the start of the Russian Anti-Revolution (December 1917) was fundamentally motivated by pre-capitalist – that is, retrograde – ideas, and not by civilizational projects capable of overcoming capitalism and of further developing its democratic models. This also explains the prevalence, throughout the history of the so-called «left», of sympathies for dictatorial regimes of all kinds and colors. Red Utopia fights against the further spread of old and new pre-capitalist ideologies (in the political, cultural, ecological, religious, and other fields) as part of its battle to overcome capitalism, if life on Earth, including its humanity, is to be saved. In this sense, its utopia remains red.

PER SAPERNE DI PIÙ CI SONO UNA COLLANA DI LIBRI E UN BLOG IN VARIE LINGUE…

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domenica 19 novembre 2017

¿‘TIMOCHENKO’ PRESIDENTE DE COLOMBIA?, por Marcelo Colussi

IN DUE LINGUE (Spagnolo, Inglese)
EN DOS IDIOMAS (Español, Inglés)

Firma del acuerdo de paz entre Juan Manuel Santos y el comandante Timochenko.
Cartagena de Indias, 26 de septiembre de 2016 © Presidencia El Salvador
Rodrigo Londoño Echeverri, mejor conocido por su nombre de guerra ‘Timochenko’, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aspira a la presidencia de su país. Es difícil predecir qué sucederá en las próximas elecciones presidenciales en mayo de 2018, pero de ganarlas Timochenko, ¿qué podría pasar?
Ante todo, dos consideraciones: 1) el más profundo respeto por la lucha de un movimiento revolucionario armado como las FARC, y 2) esto no es un caprichoso ejercicio de futurología.
Decimos esto para que quede claro que en modo alguno se está cuestionando la participación de una fuerza de izquierda –hasta hace poco alzada en armas– en una justa electoral dentro de los marcos de las democracias vigiladas y “a cuentagotas” que puede permitir el sistema capitalista. En todo caso, esa participación es una maniobra política, quizá útil en este momento (quizá, incluso lo único posible en las actuales circunstancias), y de ningún modo podríamos enjuiciarla. La lucha política, por supuesto, admite muchas variantes.
Al mismo tiempo, como otra consideración indispensable para completar lo anterior, de ningún modo se está llamando a continuar la lucha revolucionaria por vía armada. Eso, lo vemos en forma descarnada, en este momento no tiene espacio político para crecer, distintamente a lo que ocurrió en el contexto latinoamericano cinco décadas atrás.
Más aún: no tiene el más mínimo espacio siquiera para nacer, pero eso es válido sólo en este momento puntual, ahora que estamos en el auge del neoliberalismo y la desmovilización del campo popular.
¿Cómo seguirá la lucha revolucionaria por un cambio social en el futuro? No lo sabemos. Es probable que se rearmen guerrillas, ¿por qué no? Pero hoy por hoy, definitivamente no hay posibilidades. ¿Los hackers serán una opción, o la victoria electoral en poderes locales, como alcaldías? No está claro. Habrá que inventarlo.
¿Qué pasaría si Timochenko ganara las elecciones?
El presente no pretende ser un análisis de la figura personal de este guerrillero colombiano; es, en todo caso, una tentativa de interpretar una realidad compleja, donde el comandante de las FARC devenido político en los marcos de la actual institucionalidad tiene un limitado –quizá muy limitado– margen de acción.
Por lo pronto, el grueso de la prensa comercial lo criminaliza. El latiguillo del castro-comunismo y el fracaso del chavismo es el coro que le acompaña ya desde ahora.
Sin embargo, lo que es importante es llamar la atención sobre el limitado margen que Timochenko tiene. ¿Qué es posible modificar dentro de la institucionalidad capitalista? ¿Es posible modificar algo? ¿Vale la pena intentarlo? ¿Para qué entrar en la contienda electoral como un partido político más de la clase dominante?
Todas estas preguntas merecen largos y complejos desarrollos. Un pequeño texto como el actual no pretende agotarlas, pero sí dejarlas indicadas.
¿Hasta dónde se puede cambiar algo sustancial dentro del sistema de partidos políticos burgueses? La experiencia muestra que hay límites infranqueables. La socialdemocracia (capitalismo con rostro humano, políticas keynesianas, regulaciones “humanistas” dentro de la lógica despiadada del mercado) ha logrado sociedades medianamente equilibradas, pero solo en muy contados países.
De hecho, eso presupone una división internacional del trabajo donde la renta capitalista llega a unos pocos lugares que se pueden permitir esos “lujos”.
¿Por qué no resultan los planteos socialdemócratas en la mayoría de naciones del llamado Tercer Mundo? Porque la explotación y extracción de plusvalía no permite repartir con equidad el producto del trabajo social (la riqueza generada por el trabajo), pues esa diferencia es la condición previa de la insultante riqueza de la clase dominante.
Aunque el pastel de riqueza da para todos, el sistema no permite su repartición equitativa, porque contiene en sí mismo esa negación insalvable: los ricos son ricos porque hay pobres, y punto.
Si se trata de repartir equitativamente esa riqueza logrando una auténtica justicia social, el sistema capitalista no lo puede permitir, aunque quisiera (¡y no quiere!). Lo más a que puede aspirar es a un esquema donde el Estado juega un papel regulador, facilitando políticas sociales que beneficien medianamente a las mayorías. Pero no puede ir más allá.
Entonces el juego de los partidos políticos de la derecha no puede ir más allá de una relativa regulación de la renta generada por la clase trabajadora. Igualar realmente las condiciones de vida confiriendo poder a los trabajadores está absolutamente imposibilitado. ¡Eso es socialismo!
Dicho de otro modo: los partidos políticos burgueses están para administrar el sistema, no para cambiarlo. Las FARC, como cualquier grupo revolucionario que se alzó en armas, intentaron cambiar el sistema, no administrarlo con prolijidad y mesurada corrección, no con saco y corbata y “bien portados”, según la lógica dominante. Si Timochenko llegara a ser presidente, ¿podría cambiar estructuras de base? O… ¿tendrá que ponerse el saco y la corbata?
La historia demuestra –lamentablemente con mucha sangre y dolor de por medio– que esos cambios reales vía urnas no son posibles. Toda vez que una administración surgida de una elección popular en los marcos del capitalismo quiso ir más allá de lo que el sistema permite –como Salvador Allende en Chile o Jacobo Árbenz en Guatemala– fue duramente golpeada. En todo caso, el sistema se permite cambios cosméticos, no más. ¿Podría Rodrigo Londoño ‘Timochenko’ cambiar eso?

domenica 15 gennaio 2017

¡WELCOME, MR. TRUMP! AUNQUE… ¿REALMENTE “WELCOME”?, por Marcelo Colussi

Lo que es bueno para la General Motors
es bueno para los Estados Unidos, y viceversa.
(Charles Wilson, Secretario de Defensa con el presidente Eisenhower, 1953)

Desde el campo popular, en cualquier parte del orbe, es difícil, cuando no imposible, saludar alegre la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca en Washington. Cuenta la historia que algún mandatario estadounidense salió la mañana de un lunes a hacer una gira por países amigos…, y a la tarde ya estaba de vuelta. El imperio no tiene amigos: ¡tiene intereses! Y los defiende a muerte, por cierto. Para eso están, entre otras cosas, las más de 6.000 cabezas nucleares que posee, posibles de hacer volar el mundo.
Si bien su pujanza de otras épocas está en declive (después de la Segunda Guerra Mundial aportaba el 52% del Producto Bruto global, hoy solo el 18%), lejos se está de poder decir que sea un país en bancarrota: Estados Unidos continúa siendo la primera potencia hegemónica, en lo económico, lo político, lo cultural y en lo militar. Sus decisiones siguen marcando muy buena parte de lo que ocurre en el mundo, y su influencia se siente en cada rincón del planeta. Si bien el dólar como patrón no está inamovible como años atrás, las principales marcas comerciales que recorren la aldea global siguen siendo de origen estadounidense, por lo que el inglés continúa siendo la lingua franca obligada, y la cultura y valores emanados de Hollywood son mercadería de consumo universal. La clase dirigente estadounidense (banqueros, dueños del complejo militar-industrial, propietarios de las petroleras y de otras grandes megaempresas globales) apuestan a que el siglo XXI siga siendo, como el anterior, otro “siglo americano”.
El presidente de esta gran potencia, como cualquier mandatario de cualquier país de las llamadas “democracias” (democracias representativas, caricaturas de democracias reales), no es sino un administrador del gobierno central que, en definitiva, más allá de la ilusión -mediáticamente bien presentada- de gobernar para todos, beneficia siempre al verdadero poder, el que pone las condiciones y termina dando las órdenes: el capital.
Pero con Donald Trump sucede algo particular: para las recientes elecciones parecía ganadora obligada su contrincante demócrata: Hillary Clinton. Ella representaba, por antonomasia, a los factores dominantes del país: grupos financieros de Wall Street y complejo militar-industrial. Para sorpresa de muchos, ella no ganó. Triunfó Trump levantando un discurso que, de algún modo, se le podría decir populista. Pero que, imprescindible aclarlo, de preocupación real por las penurias populares no tiene nada, absolutamente nada.
Trump, sin ningún lugar a dudas -como todo vendedor de casas (es un magnate inmobiliario)- es un hábil vendedor. O, dicho en otros términos, un buen embaucador, mercader de ilusiones. Ese “oficio” fue el que le permitió imponerse en las elecciones, pues “vendió” a la clase trabajadora y sectores medios empobrecidos la ilusión de un resurgir económico del país. Ahora bien: el empobrecimiento de sus trabajadores, la desocupación y la creciente caída del poder adquisitivo real se debe a la forma que el mismo capitalismo actual fue tomando en su desarrollo, trasladando muy buena parte del parque industrial fuera de su territorio, simplemente por conveniencia económica, y priorizando de un modo afiebrado las finanzas por sobre la producción. La grandeza de Estados Unidos asienta hoy, básicamente, en su poder militar. “Para defender Mc Donald’s necesitamos los McDonnell Douglas”, sentenció jactanciosa la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice.
Si Donald Trump se impuso contrariando los pronósticos y la apuesta del gran capital, no fue por la pretendida injerencia rusa en el hackeo de las elecciones sino por la gran masa de desocupados y empobrecidos trabajadores que quisieron escuchar en sus cantos de sirena proselitistas una promesa cierta: el renacer de la gran potencia y la recuperación de los beneficios perdidos. Ahora bien: nada indica realmente que ese bienestar puede recuperarse, porque la forma que el sistema-mundo ha ido alcanzando con el actual imperialismo globalizado -a costa de los trabajadores de todo el orbe, incluido los estadounidenses- no parece posible de ser revertido. ¿Volverán acaso las otrora fábricas del pujante Cinturón de Acero del Medio Este al ahora empobrecido y abandonado Cinturón Oxidado? ¿Dejarán los megacapitales de los paraísos fiscales de hacer sus negocios financieros para volver a invertir como los cuáqueros recién desembarcados del May Flower?

giovedì 24 novembre 2016

DONALD TRUMP: ¿CAMBIOS A LA VISTA?, por Marcelo Colussi

¡Los libros son inútiles! Yo leí un único libro en mi vida: «Matar un ruiseñor». ¡Y no me dio ninguna información sobre cómo matar ruiseñores! Sí, es cierto que me enseñó a no juzgar a un hombre por el color de su piel, ¿pero eso para qué me sirve?

¡Televisión! Maestro, madre, amante secreta.
(Homero Simpson)

Las recientes elecciones en Estados Unidos, con el triunfo de Donald Trump, han abierto una serie interminable de especulaciones. La presente -quizá, finalmente, una más de tantas- pretende no ser eso sino, antes bien, una afirmación: no sabemos con certeza qué va a pasar. De eso podemos estar seguros: nadie sabe con exactitud para dónde van las cosas.
De haberse impuesto Hillary Clinton, la candidata natural de Wall Street, del gran capital financiero, las petroleras, del complejo militar-industrial y las grandes corporaciones mediáticas, todo se sabría con claridad: seguiría todo igual. Es decir: en lo que concierne a su política externa, los planes neoliberales impulsados por los organismos de Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), las guerras “preventivas”, la injerencia descarada de Washington en los asuntos internos de casi todos los países del mundo y su voracidad consumista sin límites, no se modificarían. Estados Unidos seguiría siendo la gran potencia, empantanada a partir de la crisis del 2008, perdiendo cada vez más terreno en el ámbito económico, compitiendo geopolíticamente con Rusia y China y coqueteando con la posibilidad de una tercera guerra mundial.
Nada de eso se hubiera modificado en la arena internacional. Y en lo interno, tampoco. Es decir: seguiría el proceso de empobrecimiento de su clase trabajadora a partir de la relocalización creciente de su parque industrial (instalación de sus empresas en otros puntos del mundo aprovechando mano de obra más barata y exenciones impositivas) y de la crisis capitalista que aún no termina, seguirían las deportaciones de inmigrantes indocumentados (con Barack Obama se deportaron 3 millones de “mojados”, la misma cantidad que promete expulsar Donald Trump), y probablemente seguirían ciertas acciones políticamente correctas, más cosméticas que otra cosa, en relación a derechos civiles de los estadounidenses (matrimonios gay, leyes de aborto, legalización de la marihuana para fines recreativos, reivindicación de algunas minorías y un discurso -léase bien: ¡discurso!, no otra cosa- con un talante medianamente socialdemócrata).
¿Qué pasará con Trump en la Casa Blanca? ¿Cambiará todo eso?

lunedì 8 agosto 2016

BRASIL EN DESESTABILIZACIÓN POLITICA, por Yuri Zambrano

Para meus irmãos no Brasil
quem eles são no meu coração:
quinze anos de praia e malandro …

Uno de los principales cánceres, de la siempre débil pero nunca arrodillada América latina, es su dependencia a los mercados imperialistas. Ante esa resistencia, países suramericanos como Venezuela, Ecuador, Bolivia y algunos gobiernos del Mercosur, luchan por mantener su dignidad con cierta regularidad.
Brasil quiere ser callada en esta contienda con una estrategia orquestada desde el exterior, que genera desestabilización de un pueblo y provocando la polarización ideológica.

1. ANTECEDENTES

Brasil, el país icónicamente extenso, futbolero, febreramente carnavaleso y con una pluridiversidad etno-ecológica de grandes proporciones, es también un modelo con su más de 21.5% de población en pobreza extrema1/2. Lo que vemos a través de la desinformación de los medios es: una sobrepoblación en Río – con favelas, turismo sexual y alas-delta; un São Paulo como “gran manzana”, una épica arquitectónica ya muy arcaica en Brasilia, un Manaos con bellas artes, a Bahía reivindicando a Jorge Amado y la portentosa literatura brasilera contemporánea; mucha diversidad cultural, el primer productor de café a nivel mundial y el pulmón del mundo en la selva amazónica, acariciado por el río más caudaloso del planeta entre otras cosas.
¡Pero este Brasil es más que eso y no nos dejan ver sus pobrezas! Del Acre a Belem de Pará, de Matogrosso a Bahía; de Tabatinga a Porto Alegre, por Juiz de Fora, Roraima, Paraná, Minas Gerais, o donde quieran, se respira polarización ideológica, violencia, deterioro social y corrupción institucional de alta influencia en la sociedad.
Uno de los elementos desestabilizadores (por legislación brasilera) es el impedimento (impeachment). Es decir, el procedimiento que limita las tareas ejecutivas de un gobernante e incluso de integrantes del poder judicial.
Algunos intentos de este impedimento han fracasado, como los recordados casos de Peixoto y Salles a finales del siglo XIX, el de Hermes da Fonseca hace un siglo exacto, el de Fernando Henrique (1995-2003), e incluso el antecedente inmediato contra Lula da Silva. Desde 1945, únicamente tres veces se ha generado impeachment del mandato presidencial.

mercoledì 6 luglio 2016

ECONOMÍA ENFERMA: PLANETA ENFERMO, por Marcelo Colussi

No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.
(Adam Smith)

I

Quien escribe estas líneas no es economista ni especialista en cuestiones ecológicas. Es un ciudadano más del planeta, ni rico ni famoso, uno más del colectivo. Pero como tal me considero con derecho –¿con obligación también?, moralmente, creo que sí– a opinar y a tomar partido por cuestiones que tocan a todos. La economía dominante de nuestras sociedades, el capitalismo, está enferma. O más aún: no ha enfermado recientemente sino que nació enferma. De hecho: tiene un mal incurable. Es genético, no tiene escapatoria.
Eso se evidencia en la injusticia reinante (aspectos estructurales), en los descalabros coyunturales como las crisis financieras que se viven cíclicamente (que pagamos, básicamente, los pobres), y en términos de perspectiva histórica como especie: la destrucción de la civilización es una cruel posibilidad, tanto por la catástrofe medioambiental en curso como por la guerra nuclear total. Según se nos dice con conocimiento profundo (la ecología es una ciencia ya ampliamente desarrollada), los actuales modelos económicos de producción y consumo están produciendo desastres en el medio natural con consecuencias catastróficas y probablemente irreversibles. Actuar contra el capitalismo es actuar contra la injusticia, y más aún: es actuar a favor de la sobrevivencia de la vida en nuestro planeta.
El capitalismo, guerrerista como es en su esencia, no puede prescindir de las guerras. Eso lo alimenta, es una escapatoria para sus crisis, es negocio. De hecho, en Estados Unidos, la principal economía capitalista, un 25% de su producto bruto interno, viene dado por la industria militar, y uno de cada cuatro de sus trabajadores se ocupa en esa producción. Eso es una locura, sin salida, que nos tiene reservada la muerte como punto de llegada…¡pero eso es el capitalismo más desarrollado!
Valga este ejemplo: de activarse todo el arsenal atómico disponible en este momento (que comparten unas pocas potencias capitalistas con Estados Unidos a la cabeza junto a Rusia y China) no quedaría ninguna forma de vida en el planeta. Más aún: colapsaría la Tierra, probablemente fragmentándose, con efectos igualmente tremendos para Marte y Júpiter, en tanto las consecuencias de la onda expansiva llegarían a la órbita de Plutón…, pero todo ese espectacular desarrollo científico-técnico no logra terminar con el hambre en el mundo (un muerto por inanición cada 7 segundos). ¡Eso es el capitalismo!
Junto a esa catástrofe, tenemos el deterioro del medio ambiente. “Cambio climático” es un tendencioso eufemismo que encubre la verdad: el modelo depredador de desarrollo impulsado por el capitalismo ha provocado desastres monumentales en nuestro planeta. Si el clima cambia, no es por procesos naturales sino por la alocada intervención humana en búsqueda de lucro, de ganancia económica.

venerdì 5 febbraio 2016

EUROPA SE ESTÁ DESINTEGRANDO BAJO LA MIRADA INDIFERENTE DE SUS CIUDADANOS, por Roberto Savio

Todos somos testigos de la lenta agonía del sueño de la integración europea, sin una sola manifestación en cualquier lugar, entre sus 508 millones de ciudadanos. Está claro que las instituciones europeas atraviesan una crisis existencial. Sin embargo, el debate se ha limitado al nivel intergubernamental.
Eso demuestra claramente que los ciudadanos europeos no se sienten relacionados con Bruselas. Atrás han quedado los años cincuenta, con la movilización de los jóvenes en el Movimiento Federalista de la Juventud y los activistas del Movimiento Federal encabezado por Altiero Spinelli, o la campaña masiva para una Europa que trascendería las fronteras nacionales, un tema frecuente de los encuentros de los intelectuales de la época.
Ha sido un crescendo de la crisis. Primero la división Norte-Sur, con un norte que no quería rescatar el sur y que ha convertido la austeridad en un tabú monolítico, con Alemania como líder inflexible. Grecia fue el lugar elegido para entrar en conflicto y ganar, incluso si su presupuesto era sólo el 4% de la Unión Europea.
El frente de la disciplina fiscal y la austeridad fácilmente rebasaron a aquellos que abogaban por el desarrollo y el crecimiento como una prioridad. Pero había alienar a muchos de los ciudadanos atrapados en la lucha.
Dos países, primero Hungría y luego Polonia, rechazan explícitamente “el modelo y los valores europeos”, el primero para defender un modelo autocrático de gobierno y el segundo los valores cristianos, haciendo caso omiso de todas las declaraciones de Bruselas.
Al mismo tiempo apareció otro asunto de mal agüero. El primer ministro británico David Cameron amenazó con que si no obtenía condiciones especiales, salía de la Unión Europea. En Davos dijo explícitamente que el Reino Unido está en la UE debido al mercado, pero rechaza todo lo demás, sobre todo una posible mayor integración, tal como se indica en los tratados de la UE.
La canciller alemana Angela Merkel ha estado enviando señales tranquilizadoras, mientras todos los países europeos se empeñan en el proceso de recuperación de soberanía tanto como sea posible. Por lo tanto, sea lo que sea que Londres obtenga, será un punto de referencia para todo el mundo. Es revelador que en el Reino Unido la campaña pro europea está dirigida por el sector financiero y económico y no hay ningún movimiento ciudadano.

RED UTOPIA ROJA – Principles / Principios / Princìpi / Principes / Princípios

a) The end does not justify the means, but the means which we use must reflect the essence of the end.

b) Support for the struggle of all peoples against imperialism and/or for their self determination, independently of their political leaderships.

c) For the autonomy and total independence from the political projects of capitalism.

d) The unity of the workers of the world - intellectual and physical workers, without ideological discrimination of any kind (apart from the basics of anti-capitalism, anti-imperialism and of socialism).

e) Fight against political bureaucracies, for direct and councils democracy.

f) Save all life on the Planet, save humanity.

g) For a Red Utopist, cultural work and artistic creation in particular, represent the noblest revolutionary attempt to fight against fear and death. Each creation is an act of love for life, and at the same time a proposal for humanization.

* * *

a) El fin no justifica los medios, y en los medios que empleamos debe estar reflejada la esencia del fin.

b) Apoyo a las luchas de todos los pueblos contra el imperialismo y/o por su autodeterminación, independientemente de sus direcciones políticas.

c) Por la autonomía y la independencia total respecto a los proyectos políticos del capitalismo.

d) Unidad del mundo del trabajo intelectual y físico, sin discriminaciones ideológicas de ningún tipo, fuera de la identidad “anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo”.

e) Lucha contra las burocracias políticas, por la democracia directa y consejista.

f) Salvar la vida sobre la Tierra, salvar a la humanidad.

g) Para un Utopista Rojo el trabajo cultural y la creación artística en particular son el más noble intento revolucionario de lucha contra los miedos y la muerte. Toda creación es un acto de amor a la vida, por lo mismo es una propuesta de humanización.

* * *

a) Il fine non giustifica i mezzi, ma nei mezzi che impieghiamo dev’essere riflessa l’essenza del fine.

b) Sostegno alle lotte di tutti i popoli contro l’imperialismo e/o per la loro autodeterminazione, indipendentemente dalle loro direzioni politiche.

c) Per l’autonomia e l’indipendenza totale dai progetti politici del capitalismo.

d) Unità del mondo del lavoro mentale e materiale, senza discriminazioni ideologiche di alcun tipo (a parte le «basi anticapitaliste, antimperialiste e per il socialismo».

e) Lotta contro le burocrazie politiche, per la democrazia diretta e consigliare.

f) Salvare la vita sulla Terra, salvare l’umanità.

g) Per un Utopista Rosso il lavoro culturale e la creazione artistica in particolare rappresentano il più nobile tentativo rivoluzionario per lottare contro le paure e la morte. Ogni creazione è un atto d’amore per la vita, e allo stesso tempo una proposta di umanizzazione.

* * *

a) La fin ne justifie pas les moyens, et dans les moyens que nous utilisons doit apparaître l'essence de la fin projetée.

b) Appui aux luttes de tous les peuples menées contre l'impérialisme et/ou pour leur autodétermination, indépendamment de leurs directions politiques.

c) Pour l'autonomie et la totale indépendance par rapport aux projets politiques du capitalisme.

d) Unité du monde du travail intellectuel et manuel, sans discriminations idéologiques d'aucun type, en dehors de l'identité "anticapitaliste, anti-impérialiste et pour le socialisme".

e) Lutte contre les bureaucraties politiques, et pour la démocratie directe et conseilliste.

f) Sauver la vie sur Terre, sauver l'Humanité.

g) Pour un Utopiste Rouge, le travail culturel, et plus particulièrement la création artistique, représentent la plus noble tentative révolutionnaire pour lutter contre la peur et contre la mort. Toute création est un acte d'amour pour la vie, et en même temps une proposition d'humanisation.

* * *

a) O fim não justifica os médios, e os médios utilizados devem reflectir a essência do fim.

b) Apoio às lutas de todos os povos contra o imperialismo e/ou pela auto-determinação, independentemente das direcções políticas deles.

c) Pela autonomia e a independência respeito total para com os projectos políticos do capitalismo.

d) Unidade do mundo do trabalho intelectual e físico, sem discriminações ideológicas de nenhum tipo, fora da identidade “anti-capitalista, anti-imperialista e pelo socialismo”.

e) Luta contra as burocracias políticas, pela democracia directa e dos conselhos.

f) Salvar a vida na Terra, salvar a humanidade.

g) Para um Utopista Vermelho o trabalho cultural e a criação artística em particular representam os mais nobres tentativos revolucionários por lutar contra os medos e a morte. Cada criação é um ato de amor para com a vida e, no mesmo tempo, uma proposta de humanização.