L’associazione Utopia rossa considera suo fondamento politico il principio secondo cui il fine non giustifica i mezzi, ma nei mezzi si deve riflettere l’essenza del fine. Non ha programmi politici, come del resto non ne aveva la Prima internazionale. Nonostante le più diverse provenienze ideologiche dei suoi sostenitori, essa ritiene che l’anticapitalismo dilagato dopo l’inizio dell’Antirivoluzione russa (dicembre 1917) sia stato motivato fondamentalmente da idee precapitalistiche, cioè retrograde, e non da progetti di civiltà in grado di superare il capitalismo sviluppando ulteriormente i suoi modelli di democrazia. Ciò spiega anche il prevalere, nella storia della cosiddetta «sinistra», di simpatie per i regimi dittatoriali di ogni specie e colore. Utopia rossa si batte contro l’ulteriore diffusione di ideologie precapitalistiche vecchie e nuove (in campo politico, culturale, ecologico, religioso ecc.), come parte della sua battaglia per il superamento del capitalismo, se si vuole salvare la vita sulla Terra con la sua umanità. In questo senso la sua utopia continua ad essere rossa.

The Red Utopia association considers its political foundation to be the principle that the end does not justify the means, but that the means must reflect the essence of the end. It has no political program, just as the First International did not. Despite the diverse ideological backgrounds of its supporters, it believes that the anti-capitalism that spread after the start of the Russian Anti-Revolution (December 1917) was fundamentally motivated by pre-capitalist – that is, retrograde – ideas, and not by civilizational projects capable of overcoming capitalism and of further developing its democratic models. This also explains the prevalence, throughout the history of the so-called «left», of sympathies for dictatorial regimes of all kinds and colors. Red Utopia fights against the further spread of old and new pre-capitalist ideologies (in the political, cultural, ecological, religious, and other fields) as part of its battle to overcome capitalism, if life on Earth, including its humanity, is to be saved. In this sense, its utopia remains red.

PER SAPERNE DI PIÙ CI SONO UNA COLLANA DI LIBRI E UN BLOG IN VARIE LINGUE…

domenica 1 aprile 2018

LA DEMOCRACIA DE GOOGLE, FACEBOOK Y YOUTUBE: ALGUNAS REFLEXIONES, por Lucas Malaspina

IN DUE LINGUE (Spagnolo, Inglese)
EN DOS IDIOMAS (Español, Inglés)

Cuando Mark Zuckerberg decidió ofrecer a las naciones emergentes Internet.org, la rabia no tardó en estallar. Como explica acertadamente Daniel Leisegang en “Facebook está salvando al mundo”, este proyecto surgido en 2013 tenía una mascarada humanitaria: permitir acceso a Internet a una enorme cantidad de ciudadanos del Tercer Mundo que aún están fuera de la aldea global.
La idea era romper las barreras que impiden, por ejemplo, que dos tercios de la población india se puedan unir a Facebook. Además de la India, el proyecto aspiraba a un total de 100 naciones más.
Acusada de violar la neutralidad de la red, Facebook tuvo que cambiarle el nombre: de Internet.org pasó a llamarse Free Basics y de la India debió irse en 2015 debido a la gran cantidad de críticas que recibió.
¿Por qué? Porque Facebook no estaba ofreciendo Internet a secas, sino una aplicación para teléfonos móviles a través de la cual los sectores de menores recursos de ese país podían acceder a una versión recortada de Internet.
La idea, originalmente impulsada con el espíritu de que “la conectividad es un derecho humano”, terminó exhibiendo que lo que se proponía Zuckerberg es apropiarse de la gigantesca masa de datos de una significativa cantidad de los pobres del mundo (para monetizarlos).
¿Quién decidía qué servicios están disponibles en la aplicación? Según Chris Daniels, el vicepresidente de la compañía, la decisión la tomaban Facebook, el gobierno de cada país y el operador de telecomunicaciones asociado.
Con razón, podríamos afirmar que si “Internet es un derecho humano”, con Free Basics Facebook sólo aspira a regular los “derechos humanos recortados” de la mitad de la población mundial (la que no tiene acceso a Internet).
Estas políticas que agrandan la brecha digital poco tienen que envidiarle al modelo de Corea del Norte, donde la mayoría sólo tiene a acceso a una modesta Intranet local que apenas tiene 28 páginas webs disponibles con contenidos fiscalizados por el gobierno de Kim Jong-un (la excepción la constituye, como es obvio, la élite gobernante).
Free Basics, que se encuentra en una fase muy embrionaria, sumaba en noviembre de 2016 unos 40 millones de usuarios. En América Latina, Free Basics ya ha sido implementado en tres países (más de veinte se han unido a nivel mundial): Colombia, Guatemala y también Bolivia, cuya inclusión en este programa pone de relieve la insuficiente discusión de los problemas del monopolio de la información en la era digital por parte del populismo continental (o en este caso, su colaboración/subordinación con esos monopolios).
Free Basics no permite ingresar a Google, el buscador más popular de todo el mundo, sino a Bing (el buscador de la competencia, Microsoft, que posee acciones en Facebook).
Ahora bien, ¿qué ocurre con el 49.6% (3,700 millones de personas) que sí tenemos acceso a Internet a secas, sin (aparentes) restricciones, del cual más del 90% somos usuarios de Google? ¿Podemos realmente jactarnos de utilizar un Internet realmente libre y “neutral”?

Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda

La expresión “Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda” (SEME, por sus siglas en inglés) fue utilizada en agosto de 2015 por Robert Epstein y Ronald E. Robertson, dos académicos estadounidenses que demostraron que se podía decantar el voto de un 20% o más de indecisos en función de los resultados que ofreciera Google.
En varios artículos y entrevistas, Epstein se refiere a su estudio y afirma que “en algunos grupos demográficos, hasta un 80% de los votantes” pueden llegar a cambiar sus preferencias electorales según los resultados que ofrece Google. En febrero de 2016, los medios ingleses fueron el terreno de una polémica sobre la injerencia del buscador en las elecciones.
Este no es solamente un problema de la democracia occidental. Según la intelectual francesa Barbara Cassin, autora de Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos, Google habría cedido al gobierno de China perfiles de sus usuarios en ese país, “lo cual permitió identificar e incluso arrestar a disidentes”.
Para ilustrar el sesgo ideológico de los motores de búsqueda, Cassin afirma que “si, en un país que no sea China, uno escribe en el Google Tiananmén, obtendrá datos sobre la represión a manifestantes en esa plaza de Beijing, en 1989, que dejó centenares de muertos: pero, si lo escribe en China, no obtendrá más que pacíficas referencias urbanísticas a la plaza”.
Por supuesto, Google no admite este sesgo ideológico implícito en su sistema, pero las recientes políticas de la empresa para ayudar a “combatir el terrorismo” en general –y al Estado Islámico (ISIS) en particular– exhiben concretamente el modo en que funciona su poder sobre las decisiones de las personas en la actualidad.
Es el caso de Jigsaw, un programa piloto de Google basado en su sistema de publicidad personalizada, pero con un objetivo cero comercial, sino político. El plan es localizar usuarios proclives al mensaje del ISIS y ofrecerles una serie de anuncios específicos para ellos, a través de los cuales se los redirige disimuladamente a contenidos que refutan las tesis del ISIS y que podrían ayudar a quitarles de la cabeza la idea de unirse al ‘Califato’.
Pocos podrían objetar que Google convenza a las personas de rechazar a ISIS, pero es evidente que esto revela que Google está lejos de ser “neutral” u “objetivo” y, por el contrario, llama la atención sobre las posibilidades de manipulación sobre el usuario.

¿Batalla contra las fake news o censura 2.0?

Los tiempos han cambiado, y con ellos también lo que hallamos en Internet. En 2010, al buscar sobre política en Google, sólo un 40% de los resultados los proveían medios de comunicación. En 2016, ese porcentaje rozaba el 70%.
El 25 de abril de 2017, Google anunció que había implementado cambios en su servicio de búsqueda para dificultar el acceso de los usuarios a lo que llamaron información de “baja calidad” como “teorías de conspiración” y “noticias falsas” (fake news). Facebook también aplicó una política similar.
Google aseguró que el propósito central del cambio en su algoritmo de búsqueda era proporcionar un mayor control en la identificación de contenido considerado objetable. Ben Gomes, a título de la compañía, declaró que había “mejorado los métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas” para “hacer emerger contenido más autorizado”.
Google continuó: “actualizamos nuestras directrices para evaluar la calidad de búsqueda para proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente”. Estos moderadores tienen instrucciones de marcar “experiencias molestas para el usuario”, incluidas páginas que presentan “teorías de conspiración”.
Según Google, estos cambios rigen a menos que “la consulta indique claramente que el usuario está buscando un punto de vista alternativo”.
Desde que Google implementó los cambios en su motor de búsqueda, menos personas han accedido a sitios de noticias de izquierdas, progresistas u opositoras a la guerra. Con base en la información disponible en análisis de Alexa, algunos de los sitios que han experimentado bajas en el ranking incluyen WikiLeaks, Truthout, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News, WSWS, American Civil Liberties Union y hasta Amnesty International.
Llamativamente, poco antes de esa decisión de Google, The Washington Post había publicado un artículo titulado “Russian propaganda effort helped spread ‘fake news’ during election, experts say”. Allí se citaba a un grupo anónimo conocido como PropOrNot que había compilado una lista de sitios de noticias falsas difundiendo “propaganda rusa”. El 7 de abril de 2017, Bloomberg News informó que Google estaba trabajando directamente con The Washington Post para “verificar” los artículos y eliminar las fake news.
Esto fue seguido por la nueva metodología de búsqueda de Google: de los 17 sitios declarados como “noticias falsas” por la lista negra de The Washington Post, 14 cayeron en su clasificación mundial. La disminución promedio del alcance global de todos estos sitios ha sido del 25%, y algunos sitios vieron caerlo hasta un 60%.
La sospecha de que Google se haya aliado con estos medios tradicionales potentes para discriminar a medios alternativos e independientes cobra fuerza al hilar estos hechos.
Además de su propio buscador, Google posee el control de YouTube, empresa que compraron en 2006 (un año después de su fundación). A partir de una cierta cantidad de visualizaciones, YouTube paga a los productores de videos por colocar anuncios (ads) sobre ellos, actuando de intermediario entre las grandes empresas y ellos.
El cambio más serio de YouTube se produjo a raíz de informes como el de The Wall Street Journal de que los ads aparecían en los videos de YouTube que mostraban extremismo y odio. Cuando grandes anunciantes como AT&T y Johnson & Johnson retiraron sus ads, YouTube anunció que trataría de hacer que el sitio sea más aceptable para los anunciantes al “adoptar una postura más dura respecto del contenido odioso, ofensivo y despectivo”.
Con estos nuevos algoritmos, Google perjudicó a productores de videos progresistas e independientes, provocando lo que estos denominaron adpocalypse (“apocalipsis de los ads”). Básicamente, el mecanismo implementado terminó por condenar aquellos contenidos alternativos y empujó a los productores de videos a evitar opiniones o puntos de vista objetables… según los estándares políticos de Google/YouTube.
Las prácticas de Google en relación a los algoritmos que regulan los motores de búsqueda no sólo tuvieron implicancias políticas, sino también fines comerciales. En el marco de sus leyes antimonopolio, la Comisión Europea multó a Google con 2.7 mil millones de dólares por manipularlos para dirigir a los usuarios a su propio servicio de compras, Google Shopping, haciendo uso de su posición dominante.

La oscuridad de los algoritmos: un problema democrático elemental

Cathy O’Neil, cientista de datos y autora del libro Armas de destrucción matemática, alerta sobre la “confianza ciega” depositada en los algoritmos para obtener resultados objetivos.
La arquitectura de Internet tiene una influencia tremenda sobre lo que se hace y lo que se ve; los algoritmos influyen sobre qué contenido se extiende más en Facebook y cual aparece encima de las búsquedas de Google. Sin embargo, los usuarios no están prevenidos de esto ni capacitados para entender el modo en que se recolectan los datos y el modo en que estos se clasifican.
Si Free Basics fue criticado por intentar que los desconectados del Tercer Mundo accedan a una conexión de segunda clase creyendo que Internet es igual a Facebook, no puede negarse que para la ciudadanía digital “de primera clase” Google es prácticamente lo mismo que Internet, pues es la que nos posibilita acceder organizadamente a los contenidos de ella.
De este modo, la oscuridad de los algoritmos se constituye en un problema democrático elemental. Tras un decenio de gobiernos populistas o progresistas en América Latina, por ejemplo, no se han tomado medidas que controlen el poder de estos monopolios de la información, en tanto que la discusión sobre este tópico se encuentra completamente atrasada.
Incluso la izquierda de las naciones desarrollados no ha llegado a proponer un programa de conjunto. Una de las tareas más urgentes a que nos enfrentamos hoy consiste en politizar esta cuestión.

giovedì 29 marzo 2018

CHINA AND RUSSIA IN THE TRUMP ADMINISTRATION’S “NATIONAL SECURITY STRATEGY”, by Michele Nobile

IN DUE LINGUE (Inglese, Italiano)
IN TWO LANGUAGES (English, Italian)

With this piece – which was preceded by “US foreign policy and Trump’s contradictions: questions of method” –, Michele Nobile begins to deepen the analysis of the Trump administration’s foreign policy starting from the recently published National Security Strategy. [the Editorial staff of Red Utopia]

INDEX: Foreword - 1. Defining the problem of national security - 2. The theory of democratic peace in previous administrations - 3. The worldview of 2017 NSS and critique of the theory of democratic peace - 4. China and Russia in previous NSS - 5. China and Russia in 2017 NSS: threats to national security - 6. Relations between China and Russia in American strategy - 7. Provisional conclusion

Donald Trump and China’s president Xi Jinping. Beijing, November 9, 2017 © Nicolas Asfouri
Foreword
At the end of 2017, the Trump’s administration published its National Security Strategy (NSS), the report that the President of the United States is required to present annually to Congress. It is legitimate to ask what interest a document such as an NSS can have since it certainly contains no military action plans, not even in general terms.
An NSS is the result of compromises within the administration and is often overtaken by unforeseen developments; on the other hand, the availability of the means envisaged for achieving stated objectives can also exceed the duration of the administration that produced it – and not just by a few years.
The doubts increase in the face of a president like Trump – contested by foreign and military policy experts in his own party – and the series of sackings or resignations of high-level staff, both as a result of disagreements with the president and imposed by the results of investigations.
Of the thirty 20th-century Secretaries of State, Rex Tillerson is one of the six who have remained in office for the least time, and in the post-Cold War period only Lawrence Eagleburger lasted less. The Trump administration is on its third National Security Advisor in just over a year, while in the space of eight years Clinton and Bush Jr. had just two and Obama three.
Besides, it cannot be said that the Secretary of State and the National Security Adviser appointed by Trump – Mike Pompeo, appointed as director of the CIA, and John Bolton, formerly ambassador to the United Nations under George W. Bush – are characters indicative of a moderate orientation: they are decidedly “hawks” chosen exclusively because of their political proximity to the president.
Furthermore, while all versions of the NSS pay a ritual homage to “American values”, it sounds strange to read in a document introduced by Donald Trump that “the United States rejects bigotry, ignorance and oppression” and that it is committed to defending the rights of women and girls (2017 NSS).
In more substantial terms, as widely predictable in some points, for example on Russia and on NATO, the 2017 NSS appears in contrast with the fears and hopes raised by Trump before his election. One can thus question the extent to which the document reflects the president’s thinking and therefore how reliable it is.
It is remarkable that Trump’s message preceding the latest NSS speaks of “rival powers” aggressive towards American interests in the world, but without naming China and Russia; then, in his speech of December 18, 2017 presenting the document, Trump cited the phone call from Putin thanking him for the intelligence that the CIA was able to provide concerning a major terrorist attack planned in St. Petersburg, but also said that the United States faces “rival powers, Russia and China, that seek to challenge American influence, values, and wealth”, specifying that, “based on my direction, this document has been in development for over a year. It has the endorsement of my entire Cabinet”.
It is not at all unusual for an NSS to be published beyond the terms prescribed by law, but this latter sentence appears as a superfluous clarification, a reassurance that seems to imply the opposite.
As for the rest, the discourse differs from the NSS only in its even more triumphalist tones and for the self-celebration of the presumed identification of the People with the president, elected with almost three million votes less than competitor Hillary Clinton:
“But last year, all of that began to change. The American people rejected the failures of the past. You rediscovered your voice and reclaimed ownership of this nation and its destiny.
On January 20, 2017, I stood on the steps of the Capitol to herald the day the people became the rulers of their nation again. (Applause.) Thank you. Now, less than one year later, I am proud to report that the entire world has heard the news and has already seen the signs. America is coming back, and America is coming back strong”.
Report on the national security strategy was established in 1986 by the Goldwater-Nichols Act: since then seventeen have been published. Well, if you compare 2017 NSS with those which followed the collapse of the Soviet Union, it is clear that it is a very original document, almost on a par with the 2002 NSS of Bush Jr., who formulated the doctrine of “preventive war”.
While it is not possible to deduce from an NSS exactly what an administration will do and when, general indications can nevertheless be drawn about the perception of threats to national security and the attitude with which they are intended to be addressed.
The 2017 NSS contains relatively little about human rights and the promotion of democracy – a fact which may gratify the sympathisers of president Putin and North Korea’s supreme leader –, but the prospect it outlines, which in emphatic terms one might say grand strategy, is no less dangerous than the decision that led to the invasions of Afghanistan and Iraq.
Perhaps even more so, in terms of relations with the nuclear powers of China and Russia and for reasons that are not only due to the constraints posed by the Congress, but are intrinsic to the concept of America First as defined by Trump.
The vision of the world contained in the 2017 NSS is substantially in line with that of Trump; however, in its realisation this same vision can lead to considerable fluctuations and confusion in the conduct of US foreign policy not only because of internal opposition, but because it is internally contradictory: this could be the reason for personal disagreements in the Administration, in which different parts push on the poles that constitute the contradiction.
The structure of 2017 NSS is made up of a message from Trump himself, an introduction and four chapters related to as many pillars of national security, plus a chapter that applies the strategy in the regions of the world.
Formally, each chapter presents some priority actions to achieve the objectives indicated, which is a novelty that appears to give concreteness, but which in reality is only stylistic; and also the four pillars or objectives – protecting the American people, promoting prosperity in America, preserving peace through force and advancing America’s influence – are banalities present in every NSS.
The peculiarity of this document must be sought in the way in which those objectives are concretely defined, above all in the definition of the problem of national security and threats.

1. Defining the problem of national security
The message signed by Donald Trump that serves as a preface to 2017 NSS is an arrogant revendication of the Administration’s alleged successes, including having “crushed Islamic State of Iraq and Syria (ISIS) terrorists”, which, however, was claimed by all the players involved just before Trump took office.
The list of problems inherited from the previous administrations is long: “rogue states”, international terrorism, aggressive powers, uncontrolled immigration, criminal cartels, unequal distribution of defence costs between the United States and allies, impropriety in economic relations.
Against this background, the successes boasted with a triumphalist tone are even more evident: the Trump administration is already “charting a new and very different course”. The president stands as a saviour of the Fatherland, as the one who restored confidence in American values and America’s position in the world – “after one year, the world knows that America is prosperous, America is secure, and America is strong” (2017 NSS).
However, a note of alarm is sounded both in Trump’s message and in the text of the NSS itself: “The United States faces an extraordinarily dangerous world, filled with a wide range of threats that have intensified in recent years”. Apparently it seems a contradiction, but the alarmist note performs several functions.
First of all, keeping the alarm about terrorism and the “rogue states” high is a necessity intrinsic to the doctrine of war and preventive military operations, which is now one of the options for action openly indicated by all US administrations, albeit with different formulas.
Formalisation of this doctrine is a distortion of jus ad bellum (the right to engage in war), with implications also for jus in bello (the rules regulating the conduct of war, for example concerning the treatment of prisoners and civilian populations).
Even in a very broad and very debatable interpretation of the norms of international law, one of the binding criteria – and not the only one – which can justify a military action that anticipates an enemy attack is that of the imminence of aggression.
However, no matter how far it is cloaked in formal references to the needs of self-defence, in the logic of preventive war formalised since 2002 NSS the concept of the imminence of attack is freed from specific temporal and material references, and therefore emptied of real meaning.
The main justification for war and preventive military operations has become the possibility and intention that entities defined as terrorist or “rogue state” procure weapons of mass destruction; this is also tantamount to affirming that for these entities the possession of weapons of mass destruction coincides with the certainty of their use in an indeterminate future and place. War or preventive military operations are thus justified a priori.
In Trump’s introductory message to the NSS, the unequal sharing of security burdens between the United States and the allies is indicated as one of the reasons that has encouraged opponents to take dangerous actions – the point is then reiterated in the document. Obviously, it is not at all the alliances themselves that are called into question, but the terms with which the other States contribute.
However, the list of faults does not stop here. It covers the whole of the 90s, including the Administrations of Bush Sr. and Clinton, and implicitly also those of Bush Jr. In 2017 NSS, criticism of the idea that US military superiority was guaranteed is fundamental, as is criticism of the Wilsonian (after Woodrow Wilson, president from 1913 to 1921) concept of “democratic peace” which, although articulated in different ways, has been at the centre of the foreign policy pursued by the United States since the end of the Cold War.

CINA E RUSSIA NELLA «NATIONAL SECURITY STRATEGY» DELL’AMMINISTRAZIONE TRUMP, di Michele Nobile

IN DUE LINGUE (Italiano, Inglese)

Con questo articolo - preceduto da «La politica estera degli Stati Uniti e le contraddizioni di Trump: questioni di metodo» - Michele Nobile inizia ad approfondire l’analisi della politica estera dell’amministrazione Trump partendo dalla National Security Strategy recentemente pubblicata. [la Redazione]

INDICE: Premessa - 1. La definizione del problema della sicurezza nazionale - 2. La teoria della pace democratica nelle precedenti amministrazioni - 3. La visione del mondo della NSS 2017 e la critica della teoria della pace democratica - 4. Cina e Russia nelle precedenti NSS - 5. Cina e Russia nella NSS 2017: minacce alla sicurezza nazionale - 6. Le relazioni fra Cina e Russia nella strategia americana - 7. Conclusione provvisoria

Donald Trump e il presidente cinese Xi Jinping. Pechino, 9 novembre 2017 © Nicolas Asfouri
Premessa
Alla fine del 2017 l’amministrazione Trump ha pubblicato la sua National Security Strategy (NSS), il rapporto sulla strategia di sicurezza nazionale che il Presidente degli Stati Uniti è tenuto a presentare annualmente al Congresso. È legittimo chiedersi quale interesse possa avere un documento come una NSS dal momento che sicuramente non contiene piani d’azione militare, neanche in termini generali.
Una NSS è frutto di compromessi in seno all’amministrazione ed è spesso scavalcata da sviluppi non previsti; d’altra parte, la disponibilità dei mezzi previsti per conseguire gli obiettivi indicati può anche andare oltre la durata dell’amministrazione che l’ha prodotta - e di non pochi anni.
I dubbi aumentano di fronte a un presidente come Trump - contestato dagli specialisti di politica estera e militare del suo stesso partito - e alla serie di dimissioni di personale di alto livello, sia per contrasti col presidente che imposte dai risultati delle indagini.
Dei trenta Segretari di Stato del XX secolo, Rex Tillerson è fra i sei che sono rimasti in carica per meno tempo, e nel periodo successivo alla Guerra Fredda solo Lawrence Eagleburger è durato meno. L’amministrazione Trump è al terzo Consigliere per la sicurezza nazionale in poco più di un anno, mentre nell’arco di otto anni Clinton e Bush Jr. ne hanno avuti soltanto due e Obama tre.
Oltretutto, non si può dire che il segretario di Stato e il consigliere per la sicurezza nazionale designati da Trump - Mike Pompeo, nominato direttore della Cia, e John Bolton, già ambasciatore presso le Nazioni Unite sotto George W. Bush - siano personaggi indicativi di un orientamento moderato: sono decisamente «falchi» scelti esclusivamente per la loro vicinanza politica al presidente.
Inoltre, benché tutte le varianti della NSS rendano un omaggio rituale ai «valori americani», suona strano leggere in un documento introdotto da Donald Trump che «gli Stati Uniti rigettano il bigottismo e l’oppressione» e che si impegnano a difendere i diritti delle donne e delle ragazze (NSS 2017, pp. 11 e 14).
In termini più sostanziali, come ampiamente prevedibile in alcuni punti, ad esempio sulla Russia e sulla Nato, la NSS 2017 appare in contrasto con i timori e le speranze suscitate da Trump prima delle elezioni. Pertanto ci si può chiedere quanto il documento rifletta il pensiero del presidente e quindi quanto sia affidabile.
È sorprendente che il messaggio di Trump che precede l’ultima NSS parli di «potenze rivali» aggressive nei confronti degli interessi americani nel mondo, senza però nominare Cina e Russia; poi, nel discorso del 18 dicembre 2017 con cui presentò il documento, Trump ha citato la telefonata di ringraziamento di Putin per le informazioni fornite dalla Cia utili a sventare un grave attentato terroristico pianificato a San Pietroburgo, ma ha anche detto che gli Stati Uniti affrontano «potenze rivali, la Russia e la Cina, che cercano di sfidare l’influenza, i valori e la ricchezza americani», precisando che, «in base alla mia direzione, questo documento è stato in elaborazione per oltre un anno. Ha l’approvazione del mio intero Gabinetto».
Non è affatto insolito che una NSS sia pubblicata oltre i termini prescritti dalla legge, ma quest’ultima frase appare come una precisazione superflua, una rassicurazione che sembra sottintendere il contrario.
Quanto al resto, il discorso si differenzia dalla NSS solo per i toni ancor più trionfalistici e per l’autocelebrazione della presunta identità fra il Popolo e il presidente, eletto con quasi tre milioni di voti in meno della concorrente Hillary Clinton:
«Ma l’anno scorso tutto ciò è cominciato a cambiare. Il popolo americano ha respinto i fallimenti del passato. Avete riscoperto la vostra voce e reclamato la proprietà di questa nazione e del suo destino.
Il 20 gennaio 2017 sono salito sui gradini del Campidoglio per annunciare il giorno in cui il popolo è di nuovo il governante della sua nazione (applausi). Grazie. Ora, meno di un anno dopo, sono orgoglioso di riferire che il mondo intero ha udito la notizia e ha già visto i segni. L’America sta tornando, e sta tornando forte».
Il rapporto sulla strategia di sicurezza nazionale venne istituito nel 1986 dal Goldwater-Nichols Act: da allora ne sono stati pubblicati diciassette. Ebbene, se si confronta la NSS 2017 con quelle successive al crollo dell’Unione Sovietica, è chiaro che si tratta di un documento molto originale, pressoché alla pari con la NSS 2002 di Bush figlio, che formulava la dottrina della «guerra preventiva».
Sebbene da una NSS non sia possibile dedurre cosa esattamente un’amministrazione farà e quando, si possono tuttavia trarre indicazioni di massima circa la percezione delle minacce alla sicurezza nazionale e l’atteggiamento con cui si intende affrontarle.
La NSS 2017 contiene relativamente poco circa i diritti umani e la promozione della democrazia - cosa che può gratificare i simpatizzanti del presidente Putin e del leader supremo della Corea del Nord - ma la prospettiva delineata, che in termini enfatici si potrebbe chiamare grand strategy, non è meno pericolosa della decisione che portò alle invasioni di Afghanistan e Iraq.
Forse lo è ancor di più, sul piano dei rapporti con le potenze nucleari Cina e Russia e per motivi che non discendono soltanto dai vincoli posti dal Congresso, ma che sono intrinseci al concetto di America First come definito da Trump.
La visione del mondo contenuta nella NSS 2017 è sostanzialmente in linea con quella di Trump; tuttavia, nella sua concretizzazione questa stessa visione può comportare notevoli oscillazioni e confusione nella condotta della politica estera statunitense non solo a causa dell’opposizione interna, ma perché è internamente contraddittoria: questo potrebbe essere il motivo dei disaccordi personali nell’Amministrazione, in cui parti differenti spingono sui poli che costituiscono la contraddizione.
La struttura della NSS 2017 è costituita da un messaggio dello stesso Trump, un’introduzione e quattro capitoli relativi ad altrettanti pilastri della sicurezza nazionale, più un capitolo che applica la strategia nelle regioni del mondo.
Formalmente, ogni capitolo presenta delle azioni prioritarie per conseguire gli obiettivi indicati, una novità che appare tesa a dare concretezza, ma che in realtà è solo stilistica; e pure i quattro pilastri od obiettivi - proteggere il popolo americano, promuovere la prosperità in America, preservare la pace attraverso la forza e far progredire l’influenza dell’America - sono banalità presenti in ogni NSS.
La peculiarità di questo documento va ricercata nel modo in cui si definiscono concretamente quegli obiettivi, innanzitutto nella definizione del problema della sicurezza nazionale e delle minacce.

1. La definizione del problema della sicurezza nazionale
Il messaggio a firma Donald Trump che funge da prefazione alla NSS 2017 è un’arrogante rivendicazione dei presunti successi dell’Amministrazione, incluso l’aver «schiacciato i terroristi dello Stato islamico di Siria e Iraq (Isis)», che è però fatto rivendicato da tutti gli attori interessati prima che Trump s’insediasse.
L’elenco dei problemi ereditati dalle precedenti amministrazioni è lungo: «Stati canaglia», terrorismo internazionale, potenze aggressive, immigrazione incontrollata, cartelli criminali, ineguale distribuzione degli oneri della difesa tra Stati Uniti e alleati, scorrettezza nei rapporti economici.
Alla luce di ciò, i successi vantati con tono trionfalistico risaltano ancor di più: l’amministrazione Trump sta già «tracciando un corso nuovo e molto diverso». Il presidente si atteggia a salvatore della Patria, come colui che ha ripristinato la fiducia nei valori americani e la posizione dell’America nel mondo - «dopo un anno, il mondo sa che l’America è prospera, è sicura ed è forte» (NSS 2017, p. II).
Tuttavia, una nota d’allarme risuona sia nel messaggio di Trump che nel corpo della stessa NSS: «Gli Stati Uniti si trovano davanti ad un mondo straordinariamente pericoloso, pieno di una vasta gamma di minacce che si sono intensificate negli ultimi anni» (NSS 2017, p. I). Apparentemente sembra una contraddizione, ma la nota allarmistica svolge diverse funzioni.
Innanzitutto, mantenere elevato l’allarme circa il terrorismo e gli «Stati canaglia» è una necessità intrinseca alla dottrina della guerra e delle operazioni militari preventive, che è ormai una delle possibilità d’azione apertamente indicate da tutte le amministrazioni statunitensi, sia pure con formule diverse.
La formalizzazione di questa dottrina è uno stravolgimento dello jus ad bellum (il diritto ad entrare in guerra), con implicazioni anche per lo jus in bello (le norme che regolano il modo di fare la guerra, per esempio circa il trattamento dei prigionieri e della popolazione civile).
Perfino in un’interpretazione assai ampia e assai discutibile delle norme del diritto internazionale, uno dei criteri vincolanti - e non l’unico - che può giustificare come legittima difesa un’azione militare che anticipi l’attacco del nemico è quello dell’imminenza dell’aggressione.
Tuttavia, per quanto possa ammantarsi di formali riferimenti alle necessità dell’autodifesa, nella logica della guerra preventiva formalizzata dalla NSS 2002 la nozione di imminenza dell’attacco è svincolata da precisi riferimenti temporali e materiali, e quindi svuotata di significato reale.
La principale giustificazione della guerra e di operazioni militari preventive è diventata la possibilità e l’intenzione che entità definite come terroristiche o «Stati canaglia» si procurino armi di distruzione di massa; ciò equivale anche ad affermare che per queste entità il possesso di armi di distruzione di massa coincida con la certezza del loro utilizzo in un futuro e in un luogo indeterminati. La guerra od operazioni militari preventive vengono così giustificate a priori.
Anticipo una questione trattata più ampiamente in un prossimo articolo: seppur con obiettivi differenti, in pratica la logica della guerra preventiva è fatta propria anche da Cina e Russia, con modalità complesse - non solo militari, ma anche economiche e (dis)informative - spesso indicate dagli specialisti occidentali come «guerra ibrida» e nella discussione sovietica e russa con un’espressione che può essere tradotta come «controllo riflessivo». Questo è uno dei problemi con cui si confronta la NSS 2017 e uno dei motivi per cui suona l’allarme: la più ampia varietà di mezzi e modalità d’intervento della politica estera cinese e russa.
Inoltre - chiara stoccata alle Amministrazioni di Obama - la nuova NSS attacca «le eccessive regolazioni e l’alto livello delle tasse che hanno soffocato la crescita e indebolito la libera impresa», ridotto il credito e la creazione di posti di lavoro, anche a causa del peso di un’eccessiva regolazione ambientalistica, così da incrinare pure i presupposti economici della sicurezza nazionale (p. 2 e capitolo sulla promozione della prosperità in America).
Nel messaggio di Trump premesso alla NSS, l’ineguale condivisione degli oneri per la sicurezza fra gli Stati Uniti e gli alleati è indicata come una delle ragioni che hanno incoraggiato gli avversari a intraprendere azioni pericolose - il punto si ripropone poi nel documento. Ovviamente non sono affatto poste in discussione le alleanze, ma i termini con cui gli altri Stati vi contribuiscono.
Tuttavia, la lista delle inadempienze non si ferma qui. Essa copre tutti gli anni ‘90, comprendendo le Amministrazioni di Bush padre e di Clinton, e implicitamente anche quelle di Bush figlio. Nella NSS 2017 è fondamentale la critica dell’idea che la superiorità militare statunitense fosse garantita, come lo è la critica del concetto wilsoniano (da Woodrow Wilson, presidente dal 1913 al 1921) di «pace democratica» che, sia pur declinato in modi diversi, è stato al centro della politica estera perseguita dagli Stati Uniti dalla fine della Guerra Fredda.

RED UTOPIA ROJA – Principles / Principios / Princìpi / Principes / Princípios

a) The end does not justify the means, but the means which we use must reflect the essence of the end.

b) Support for the struggle of all peoples against imperialism and/or for their self determination, independently of their political leaderships.

c) For the autonomy and total independence from the political projects of capitalism.

d) The unity of the workers of the world - intellectual and physical workers, without ideological discrimination of any kind (apart from the basics of anti-capitalism, anti-imperialism and of socialism).

e) Fight against political bureaucracies, for direct and councils democracy.

f) Save all life on the Planet, save humanity.

g) For a Red Utopist, cultural work and artistic creation in particular, represent the noblest revolutionary attempt to fight against fear and death. Each creation is an act of love for life, and at the same time a proposal for humanization.

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a) El fin no justifica los medios, y en los medios que empleamos debe estar reflejada la esencia del fin.

b) Apoyo a las luchas de todos los pueblos contra el imperialismo y/o por su autodeterminación, independientemente de sus direcciones políticas.

c) Por la autonomía y la independencia total respecto a los proyectos políticos del capitalismo.

d) Unidad del mundo del trabajo intelectual y físico, sin discriminaciones ideológicas de ningún tipo, fuera de la identidad “anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo”.

e) Lucha contra las burocracias políticas, por la democracia directa y consejista.

f) Salvar la vida sobre la Tierra, salvar a la humanidad.

g) Para un Utopista Rojo el trabajo cultural y la creación artística en particular son el más noble intento revolucionario de lucha contra los miedos y la muerte. Toda creación es un acto de amor a la vida, por lo mismo es una propuesta de humanización.

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a) Il fine non giustifica i mezzi, ma nei mezzi che impieghiamo dev’essere riflessa l’essenza del fine.

b) Sostegno alle lotte di tutti i popoli contro l’imperialismo e/o per la loro autodeterminazione, indipendentemente dalle loro direzioni politiche.

c) Per l’autonomia e l’indipendenza totale dai progetti politici del capitalismo.

d) Unità del mondo del lavoro mentale e materiale, senza discriminazioni ideologiche di alcun tipo (a parte le «basi anticapitaliste, antimperialiste e per il socialismo».

e) Lotta contro le burocrazie politiche, per la democrazia diretta e consigliare.

f) Salvare la vita sulla Terra, salvare l’umanità.

g) Per un Utopista Rosso il lavoro culturale e la creazione artistica in particolare rappresentano il più nobile tentativo rivoluzionario per lottare contro le paure e la morte. Ogni creazione è un atto d’amore per la vita, e allo stesso tempo una proposta di umanizzazione.

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a) La fin ne justifie pas les moyens, et dans les moyens que nous utilisons doit apparaître l'essence de la fin projetée.

b) Appui aux luttes de tous les peuples menées contre l'impérialisme et/ou pour leur autodétermination, indépendamment de leurs directions politiques.

c) Pour l'autonomie et la totale indépendance par rapport aux projets politiques du capitalisme.

d) Unité du monde du travail intellectuel et manuel, sans discriminations idéologiques d'aucun type, en dehors de l'identité "anticapitaliste, anti-impérialiste et pour le socialisme".

e) Lutte contre les bureaucraties politiques, et pour la démocratie directe et conseilliste.

f) Sauver la vie sur Terre, sauver l'Humanité.

g) Pour un Utopiste Rouge, le travail culturel, et plus particulièrement la création artistique, représentent la plus noble tentative révolutionnaire pour lutter contre la peur et contre la mort. Toute création est un acte d'amour pour la vie, et en même temps une proposition d'humanisation.

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a) O fim não justifica os médios, e os médios utilizados devem reflectir a essência do fim.

b) Apoio às lutas de todos os povos contra o imperialismo e/ou pela auto-determinação, independentemente das direcções políticas deles.

c) Pela autonomia e a independência respeito total para com os projectos políticos do capitalismo.

d) Unidade do mundo do trabalho intelectual e físico, sem discriminações ideológicas de nenhum tipo, fora da identidade “anti-capitalista, anti-imperialista e pelo socialismo”.

e) Luta contra as burocracias políticas, pela democracia directa e dos conselhos.

f) Salvar a vida na Terra, salvar a humanidade.

g) Para um Utopista Vermelho o trabalho cultural e a criação artística em particular representam os mais nobres tentativos revolucionários por lutar contra os medos e a morte. Cada criação é um ato de amor para com a vida e, no mesmo tempo, uma proposta de humanização.